Ansiedad: ¿Medicando las emociones?

Estamos de acuerdo en que los fármacos son necesarios para determinados síntomas o trastornos, y no voy a demonizarlos, pero cada vez me encuentro más pacientes en consulta que han hecho este recorrido una y otra vez. En un momento determinado sin sintomatología previa, sienten ansiedad fisiológica o un amago de ataque de pánico, se asustan, acuden a urgencias y el médico les diagnostica ataque de ansiedad. El paciente se vuelve a su casa con un ansiolítico para pasar esas sensaciones “desagradables”.

La persona como es de esperar, volverá a tener esos síntomas a los cuales no les da sentido y acude al médico de familia, en la mayoría de las ocasiones se les receta ansiolíticos que el paciente aprende a utilizar para no sentir esas sensaciones desagradables.

¿Realmente son necesarios esos fármacos? Mi opinión es que son contraproducentes ya que el paciente tarda a veces años en acudir a terapia, con el resultado de años de evitación de esas emociones y sensaciones corporales, va controlando su día a día pero no tiene una calidad de vida plena.

Si descartáramos en los inicios los fármacos y los supliéramos por la psico-educación, donde el paciente tenga una explicación sobre la curva de su ansiedad, como se manifiesta, que entienda la naturaleza de la respuesta lucha-huida, solo con este pequeña cantidad información la persona mejora porque entiende lo que le pasa.

Para que entienda las consecuencias de reaccionar con miedo a sus sensaciones físicas, incorporamos el aprendizaje de la Técnica de Aceptación de Sensaciones de Barry Stevens para que pueda afrontar y exponerse a ellas de manera eficaz.

Con esta sencilla aproximación a los primeros síntomas de ansiedad sin necesidad de medicar, estamos dotando de recursos propios e internos a los pacientes, haciéndolos responsables del control de su problema, y lo que me parece más importante, atajando un problema que se cronifica rápido y con mucha facilidad, donde el paciente aprende a ir con la muleta de una pastilla ansiolítica, muchas veces innecesaria, en lugar de vivir con libertad una vida plena y exenta de ansiedad. 

Mercedes Cimas

Psicóloga en Mallorca

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